El presupuesto que las campañas políticas han destinado tradicionalmente a la propaganda se multiplicó con la aparición de la televisión. Era el medio más caro (en EEUU, donde se pagan los espacios electorales), pero a su vez el medio que llegaba a un público masivo, sobretodo si se emitían en Prime Time.
Ahora, los nuevos hábitos de consumo de la televisión hacen que los anuncios sean cada vez menos rentables: El Prime Time de las grandes cadenas ha quedado atomizado por la aparición de centenares de cadenas por cable o satélite; Ya hay herramientas muy extendidas como el TIVO, un disco duro que permite grabar durante horas las emisiones preferidas de un usuario y “consumirlas” cuando a él le parezca, esquivando así los bloques de publicidad. Entre las generaciones de votantes más jóvenes, cada vez está más extendido el consumo de programas de televisión a través de agregadores de vídeo, o del mismo You Tube, con lo que también se puede esquivar la publicidad.
El coste de hacer un vídeo, aunque sea a nivel profesional, se ha reducido drásticamente, y todavía hoy el coste de colocar un banner en los puntos más vistos de Internet (un buscador popular, un periódico importante,etc…) es mucho menor que el coste de los anuncios en televisión.